Un código de colores audaz y saturado hizo que la navegación por la gama fuera instantánea e intuitiva: rosa coral, naranja brillante, azul eléctrico, amarillo soleado.
Cada sabor recibió su propio color, y cada envase presentaba un personaje animal diferente fotografiado con gafas redondas, luciendo reflexivamente inteligente y un poco ridículo de la mejor manera posible.
Ilustraciones y gráficos de fórmulas se superpusieron en los fondos del empaque: ecuaciones, estructuras moleculares y garabatos científicos, reforzando visualmente el concepto "smart" sin tomárselo demasiado en serio. El efecto fue cálido, ingenioso y completamente distinto a cualquier otra cosa en la categoría.