La identidad se construyó sobre la idea de precisión. El grooming trata sobre la forma, la estructura y la transformación; el lenguaje visual refleja esa mentalidad. En lugar de recurrir al desorden lúdico o a clichés del sector, el sistema apostó por el minimalismo, la claridad y la fuerza de la forma.
En el centro de la identidad se encuentra una cabeza de perro geométrica construida con formas limpias y equilibradas. Más que un logo, es un símbolo del servicio: controlado, reflexivo y ejecutado con maestría. La marca refleja su enfoque: no es solo cuidado, es artesanía.
Se eligió el naranja como color clave para aportar calidez, visibilidad y energía. En una categoría dominada por tonos pálidos y paletas predecibles, otorgó a Lucky Puppy una presencia visual más fuerte y posicionó al salón como un lugar cercano y seguro.